martes 26 de agosto de 2008

Reciclaje

Érase que se era, allá por el año 1848, un inglés llamado Elder Joseph Brackett compuso una canción llamada "Simple Gifts". Este buen hombre pertenecía a una rama de la religión protestante conocida como "The Shakers", original de Manchester. Los "shakers" tenían muy claro que debían dedicar su vida a conseguir la perfección, así como a confesar todos sus pecados. Pero para ello necesitaban la música, que según ellos, era el componente esencial de la experiencia religiosa.
Fue así como el "Simple Gifts" de Elder Joseph Brackett se convirtió en uno de los himnos más apreciados por esta agrupación religiosa que más adelante se extendería a los Estados Unidos. Pero no se trata de un himno sin más, constituye una verdadera invitación al baile.


Elder Joseph Brackett - "Simple Gifts"


Sin embargo, esta bonita historia que nos lleva a pensar en conceptos como "hermandad", al mismo tiempo que nos remite a un ambiente de lo más pacífico y bucólico no se termina aquí.
Casi un siglo después, el compositor norteamericano Aaron Copland rescató el himno de Elder Joseph Brackett. Este apasionado de la música, tanto clásica como de cine, utilizó la melodía compuesta por el inglés como uno de los motivos que darían forma al ballet "Appalachian Spring". Este ballet no deja de lado lo bucólico, pues representa la celebración de la primavera por los pioneros norteamericanos del siglo XIX después de construir una nueva granja en Pennsylvania.
Sin embargo, amigos míos, cuando oigáis parte de la obra de Aaron Copland tendréis sensaciones diferentes. Vais a ser testigos de algo majestuoso y grande. Algo pulido y elegante. A más de uno le dará ganas de desplegar la alfombra roja al más puro estilo de Hollywood.
(Una recomendación: aprovechad para respirar profundamente durante la audición, eso os hará disfrutar aún más de la música. Por lo menos a mí me funciona.)

Aaron Copland - "Appalachian Spring"


Pero nuestra historia todavía continua.
En 1963, el poeta, compositor e intérprete de música folk inglés, Sidney Bertram Carter le hizo un lavado de cara a "Simple Gifts". Éste pensó en hacer una adaptación del trabajo de Elder Joseph Bracketts que sirviera de tributo a la música de los "shakers".
Así es que Sidney Bertram Carter, inspirado en Jesús y en Nataraja (la postura de danza de Shiva) creó "Lord of the Dance". Nombre que viene de la traducción al inglés de Nataraja.

Sidney Bertram Carter - "Lord of the Dance"


Como veis, en esta ocasión se le dio un toque mucho más religioso, más católico, más angelical. Los irlandeses, que son muy amigos de todo lo anterior, recibieron con los brazos abiertos este nuevo y/o reformado himno y llegaron, incluso, a usar "Lord of the Dance" para ponerle título a un espectáculo de danza y música tradicional que ha dado la vuelta al mundo entero.

Espectáculo "Lord of the Dance" de Michael Flatley


¡Esperad! Curiosamente, ayer hablábamos de "The Dubliners". Pues bien, la banda de folk irlandés también hizo su versión del tema "Lord of the Dance", siempre con su punto "guarrete" y pícaro.

The Dubliners - "Lord of the Dance"


Y ya, como colofón final, la banda norteamericana Weezer en su recién estrenado disco ("Album Six") nos sorprende, ¿con qué?. Sí, podéis imaginaroslo, si es que habéis llegado hasta estas alturas del post, claro. La famosísima melodía de "Simple Gifts" es utilizada como esqueleto durante todo el single "The Greatest Man That Ever Lived". Un tema que ya tiene poco que ver con sus progenitores -apenas desde el punto de vista melódico y armónico- pero que le pone los pelos de punta a cualquiera.

Weezer - "The Greatest Man That Ever Lived"


"I'm the baddest of the bad
I'm the best that you've ever had
I'm the tops, I'm the king
All the girls get up when I sing"

Después de todas estas líneas escupidas de la manera más breve y simple tras un largo periplo por la Wikipedia y el Youtube, ¿cómo os quedáis?. En este mundo no sólo se recicla el papel, el cartón, los plásticos o el vidrio. La música también se apunta a este negocio.

3 comentarios:

Noel dijo...

El reciclaje sentimental (bien entendido) es la base de la posmodernidad, aunque Weezer va un paso más allá: utiliza la base musical de una composición añeja para construir una pirámide de referencias que, al final, se revela como una composición personalísima de su autor. La siguiente canción del disco, "Heart Songs", profundiza aún más en esa tendencia: Rivers Cuomo hace una lista de las canciones que le gustan para describirnos su alma (o algo menos cursi, pero se me entiende).

Juan Carlos dijo...

Es que la historia (la de la música también; la de la música popular también) se parece mucho menos a un museo que a un vertedero en perpetuo ciclo de rescate-reciclaje-obsolescencia-desecho y vuelta a empezar. Vaya post bueno, Ruidicos. Tienes que dejarte de tontunas y dedicarte a la Musicología Comparada.

TORK dijo...

Un muy buen análisis. Simple y sin mayores complicaciones.

Me confieso admirador de Michael Flatley y, aunque soy ateo, eso no me impide disfrutar las primeras versiones desde Simple Gifts a Lord of the Dance.

Muy buena entrada